CAPITULO 5:
PETER
Dos semanas después de mi pelea con la serpiente, estoy con un esmoquin en la boda de mi
hermano. Nunca pensé que vería a Martin casarse. Por otra parte, nunca pensé que estaría de
vuelta en Illinois. Esta vez, sin embargo, estamos en una casa alquilada en Sheridan Road, en
Winnetka. Está a menos de quince minutos desde el lado sur de Fairfield, donde vivíamos, pero
se siente como un mundo totalmente distinto.
―¿Estás nervioso? ―le pregunto a Martin mientras lo veo intentar ajustarse el lazo del cuello
para que le quede recto.
―Estoy bien, peter. Es sólo que esta maldita cosa no se queda derecha. ―Gruñe Martin,
deslizando la banda de tejido por debajo de su arrugado cuello blanco y la tira al suelo antes de
pasarse la mano por el pelo. Suspira profundamente, y luego me mira―. ¿Cómo es que llegaste
a amarrarte la tuya sin verte como si un niño lo hubiera hecho?
Saco un pedazo de papel doblado del bolsillo de atrás de mi pantalón de esmoquin alquilado,
ignorando el dolor de mi todavía dolorida mano.
―Imprimí las instrucciones en Internet. ―Le digo con orgullo, mientras sostengo el pedazo de
papel.
―Eres un geek Peter. ―Nuestro hermano Noah interviene mientras se mueve desde el lado
opuesto de la habitación, quitándome las instrucciones de la mano.
Noah no tiene que preocuparse por alquilar un esmoquin porque está vestido con su uniforme
de gala del ejército. Por la forma en que se mantiene derecho y alto cuando lo viste, yo sé que
está orgulloso de estar en servicio, en lugar de estar en la banda en que estaba cuando vivió en
México conmigo y con mamá.
―Aquí. ―dice Noah mientras recoge la corbata y la empuja junto con las instrucciones en la
mano vacía de Martin―. No quieres tener a esa novia tuya esperando en el altar. Ella podría
decidir dejarte y casarse con un tipo blanco con una cartera de inversiones en tu lugar.
―¿Tratas de hacerme enfadar? ―dice Martin, empujando a Noh lejos cuando se éste se ríe del
plástico transparente que envuelve una rosa roja puesta pulcramente en el ojal del traje de
Martin.
Noah asiente con la cabeza.
―Lo estoy tratando. No he tenido la oportunidad de darte la lata desde que me enviaron al
servicio hace nueve meses, Martin. No puedo parar.
Justo cuando estoy a punto de ofrecerle a Martin amarrar la corbata para él, mi 'amá entra en la
habitación.
―¿Qué están haciendo mis niños? ―pregunta, como si fuéramos niños pequeños que todavía
andan por ahí.
―Peleando. ―dice Noah de manera casual.
―No hay tiempo para eso.
Noah le da un beso en la mejilla.
―Siempre hay tiempo para pelear cuando eres un Lanzani.
Ella lo mira, luego mira hacia el techo.
―Dios mío ayúdame.
Ella agarra la corbata de Martin y la envuelve alrededor de su cuello. Como es una profesional, la
ata en menos de treinta segundos.
―Gracias, Ma. ―dice Martin.
Cuando termina, ella mira a Martin y tapa su cara con sus manos.
―Mi hijo mayor se va a casar. Tu padre estaría muy orgulloso de ti, Juan Martin. Te graduaste en
la Universidad, y ahora te vas a casar. Sólo... no te olvides de dónde vienes. ¿Me entiendes?
―No lo olvidaré. ―le asegura.
Mi 'amá le reafirma su flor en el ojal de la solapa, y luego da un paso atrás y nos mira a los tres.
Sus manos se aferran contra su corazón y sus ojos se ponen acuosos.
―Mis hijos están ya grandes.
―No llores, Ma. ―le dice Martin.
―No lo hago. ―Miente mientras una lágrima se escapa por el rabillo del ojo y corre por su
rostro. Rápidamente se la seca, luego se endereza y se dirige a la puerta―. Noah y Peter, deben
reunir al resto de los padrinos de boda y decirles que se alineen rápido.
Ella mira a Martin.
―Termina de vestirte, Juan Martin. La procesión está a punto de comenzar.
Ella cierra la puerta, dejándonos solos.
Veo que Martin se acerca a la ventana con vistas al lago Michigan. Las sillas acomodadas en la
playa privada están con los invitados esperándolos a él y a su novia.
―No puedo hacer esto. ―dice.
Yo me acerco, con la esperanza de obtener una pista de que está bromeando.
No lo está.
Miro el reloj en la pared.
―Umm, Martin te das cuenta de que la boda debe empezar en diez minutos, ¿no? ―pregunto.
―Yo manejaré esto. ―dice Noah, tomando el control. Coloca las manos en los hombros de
Martin.
―¿Engañaste a Brittany?
Martin niega con la cabeza.
―¿Estás enamorado de otra chica?
Otra sacudida de negación.
Noah se inclina lejos de Martin y cruza los brazos sobre su pecho.
―Entonces te vas a casar. No salí y volé hasta Chicago para que tú canceles la boda, Martin. Y
además, te gusta la gringa, y prometiste que te casarías con ella después de que ambos os
graduarais en la universidad. Este es un hecho. No puedes retroceder ahora.
―¿Qué has hecho, Martin? ―Yo le pregunto, completamente confundido ahora.
Él suspira profundamente.
―No le he dado a Brittany la noticia de que al final del verano nos mudaremos de vuelta a
Chicago.
Toda nuestra familia ha vivido en Colorado por casi tres años. Volviendo aquí no va a volar con
Brittany.
―¿Qué quieres decir, con que vais a volver a Chicago?
―Es una larga historia. Los padres de Brittany están peleando por la custodia de su hermana
Shelley, en el estado de Illinois. Ella tiene veintiuno y puede pedirle al estado financiación para
su cuidado. Esto significa que se irá de Sunny Acres y se trasladará aquí. Brit no lo sabe todavía.
Ella tampoco sabe que me aceptaron en la escuela de Postgrado Northwestern. Yo acepté.
―¿Y no le has dicho nada de eso? ―Pregunta Noah―. Oh, hombre, estás jodido.
Martin se frota la parte posterior de su cuello y se estremece.
―Ni siquiera le dije que había enviado la solicitud a Northwestern. Ella piensa que vamos a
quedarnos en Boulder después de la boda.
Sé muy bien que la casi esposa de mi hermano no quiere volver a Illinois. Le he oído hablar de
su miedo de volver al lugar donde le dispararon a Martin y le golpearon a punto de acabar con su
vida por salir de los Latino Blood. Él le dijo que era seguro ahora, ya que la banda se había
dividido en diferentes facciones y el nuevo jefe de la banda, Juan Cruz, estaba en la cárcel. Le
hemos asegurado a Brittany que Martin no tiene un objetivo en la espalda, pero ella es escéptica.
Sé que Martin tuvo que convencer a Brittany para tener su boda aquí. Creo que ella estuvo de
acuerdo por la única razón de que esperaba que sus padres asistieran a la ceremonia, a pesar
de su odio por mi hermano.
Lo odian porque es mexicano.
Y porque es pobre.
Y porque estaba en una pandilla.
Él todavía batea dos de tres, lo que lo hace un partido inaceptable para su hija. Ella viene de
una familia rica, blanca y estirada. Tengo que darle al Sr. Ellis, a su padre, un poco de crédito.
Trató de conocer a Matin. Hace un tiempo cuando llegó para una visita a Boulder, invitó a Martin a
jugar al golf. Lo que era una mala idea. Mi hermano no es el tipo de los del golf. Una mirada a
sus viejos tatuajes de pandilla debería haber sido una pista.
Los padres de Brittany no han llegado. Todavía no, por lo menos. Brittany espera tener a sus
padres a su lado cuando camine por el pasillo, pero el plan B es caminar con el padre de la novia
de Noah, el Dr. Westford. De cualquier manera, mi hermano estará esperándola al final del
pasillo hacia el altar.
Martin se encoge de hombros en su chaqueta de esmoquin negro y se dirige a la puerta.
―Prométeme una cosa. Si me echa a patadas de nuestro dormitorio esta noche, me dejas
dormir en el tuyo.
―Lo siento, hermano. ―dice Noah―. He estado lejos de Kiara durante nueve meses. No voy
a compartir mi habitación de hotel con nadie más que con ella. Además, la novia virgen
deseará consumar el matrimonio.
Martin rodó sus ojos. Estoy bastante seguro de que consumaron su relación hace años. También
estoy bastante seguro de que Noah sabe que lo han hecho.
―Tienes que decírselo. ―le digo―. Antes de la boda.
―No hay tiempo. ―Interviene Noah, totalmente divertido―. Qué bueno es comenzar tu
matrimonio con mentiras y engaños. Eres un modelo estelar, hermano. ―Le da un golpecito
nuevo de Martin.
―Cállate, Noah. Se lo diré.
―¿Antes de la ceremonia, o después? ―Pregunto.
Desde las ventanas abiertas, la música del arpa comienza a entrar en la habitación.
Los tres nos miramos el uno al otro.
Sabemos que nuestra familia nunca más será la misma.
―Bueno, chicos, eso es todo. ―dice Martin, al abrir la puerta. Se detiene de pronto y agacha la
cabeza. Cierra fuertemente los ojos―. Ojalá estuvieras aquí Paco. ―murmura.
Paco era el mejor amigo de Martin. Murió cuando él y Martin eran mayores en la escuela
secundaria. Mi hermano nunca lo ha superado.
―Yo también. ―le digo, persignándome mientras pienso en el tipo al que tratábamos como si
fuera un Lanzani.
―Sí. ―dice ―. Pero él está aquí. Sabes que está viéndonos.
Martin asiente con la cabeza, luego se endereza. Si no fuera por Paco, Martin no estaría aquí.
Estaría en un ataúd, también.
Mis hermanos no saben que yo sé cómo murió Paco. Héctor Martínez, jefe de los Latino Blood,
le disparó a Paco. Héctor también mató a mi padre, e incluso disparó a Martin. Héctor era el
enemigo. Mi vida habría sido muy diferente si el enemigo no estuviera muerto, porque hubiera
dedicado mi vida a vengarme.
Tenía once años cuando me enteré de que él le disparó a papá cuando Martin tenía seis años y mi
'amá estaba embarazada de mí. Me contuve las ganas de venganza, pero lo sentí como un
fuego lento que quemaba dentro de mí hasta que la muerte de Héctor hace años hizo que mi
familia estuviera a salvo.
Sólo el pensar en Héctor Martínez me saca de quicio. Tomo una respiración profunda y sigo a
Martin y a Noah en la procesión. Estamos cerca del sacerdote con el resto de los invitados de
boda, y por el momento me olvido del pasado.
―Martin, ¿tienes las arras? ―Noah le pregunta.
Las arras son las trece monedas de oro que le da a Brittany como un símbolo de su fe y
confianza en ella. Han pasado de mis abuelos a mis padres, que es una buena cosa, porque no
hay forma en que mi hermano sea capaz de pagar las monedas de otra manera. No está
teniendo una boda tradicional mexicana ya que Brittany no es mexicana, pero han puesto
algunas de las tradiciones de México en la ceremonia.
Martin se acaricia los bolsillos.
―Mierda. Dejé las arras en la habitación.
―Iré a por ellas. ―le digo, y luego voy atrás a los vestuarios improvisados.
―Date prisa. ―Oigo a Noah y Martin decir detrás de mí.
Abro la puerta a los camerinos y encuentro que no estoy solo. Una chica de mi edad está en la
habitación, mirando por la ventana. Su vestido blanco contrasta con su piel de color miel, y
justo delante de ella paro en seco. Ella es caliente, con el pelo oscuro y ondulado corriendo por
su espalda y una cara que me recuerda a un ángel. Ella es, obviamente, una invitada a la boda,
pero nunca la he visto antes. Definitivamente me acordaría de ella si así fuera.
Le amago una sonrisa.
―¡Hola! Yo soy Peter. ¿Quieres charlar conmigo?
Ella no dice nada.
Señalo a la puerta.
―Umm... la boda va a empezar. ―le digo, pero está claro por la forma en que voltea sus ojos
que no le importa.
―Amigo, habla inglés. ―dice―. Esto no es México.
Whoa. Chica con una actitud en casa.
―Lo siento. ―le digo―. Pensé que podrías ser mexicana.
―Yo soy estadounidense. ―Dice ella, entonces muestra un teléfono celular y lo agita en el
aire―. Y yo estoy en el teléfono. Es una conversación privada. ¿Te importa?
Un lado de mi boca se curva. Podría afirmar que es una americana completa, pero me apuesto
mi huevo izquierdo a que tiene un poco de sangre mexicana corriendo por sus venas
luchadoras.
Recojo las arras y le regalo una sonrisa.
―Guarda un baile en la recepción para mí, mi chava.
Ella cuelga con quien estaba hablando y se burla de mí.
―Ugh, eres uno de esos tipos que coquetean y con una sonrisa obtienen una chica, luego tiran
a esa pobre chica de culo cuando menos se lo esperan.
―Oh, por lo que veo has oído hablar de mí. ―le digo, a continuación, y le guiño. Ella empieza a
salir de la habitación en un arranque de ira pero yo la detengo.
―Sólo estaba bromeando. No tomes la vida demasiado en serio, mi chava.
El ángel se acerca a mi cara. Lo hace para intimidarme, pero lo que hace es encenderme.
―¿Cómo te atreves a decirme que no me tome la vida demasiado en serio? ¡Ni siquiera me
conoces!
Yo no me meto con las chicas con actitud. He estado con suficientes de ellas para saber que
son creídas y con muchos más problemas de lo que valen. Sin embargo, siempre me han
intrigado. No puedo evitarlo. Creo que es la sangre Lanzani la que me hace meterme con
chicas a quienes la mayoría evitaría.
―Peter, estás atrasando la ceremonia. ―mi 'amá llama fuerte por el pasillo. Ella entra en la
habitación, y luego levanta una ceja al verme lo suficientemente cerca del ángel como para que
si me inclino hacia delante lo más mínimo, estaría besándola.
―¿Qué está pasando aquí? ―Exige, como si estuviéramos a punto de hacer algo y ella hubiera
llegado justo a tiempo para interrumpirlo.
―Sí, ¿Que está pasando? ―le pregunto a la chica, deliberadamente poniéndola en la mira.
La chica alza el celular.
―Yo estaba en medio de una llamada cuando él llegó aquí y comenzó a intentar ligar conmigo.
―Ese es mi hijo. Y tú eres… ― Mamá lo dice con los ojos entornados en rendijas. Oh, hombre.
Ella está en el modo de interrogatorio. No quieres encontrarte con mi 'amá cuando ella tiene su
mente puesta en conseguir información tuya.
―Lali Esposito. ―dice la chica con orgullo―. Mi padre fue el cirujano de Martin.
No mexicana, mi culo. Yo estaba en lo cierto. Este ángel tiene más que un poco de color rojo,
blanco y verde en la sangre corriendo por sus venas. El Dr. Esposito fue el que quitó la bala del
hombro de Martin en el hospital cuando le dispararon años atrás. El doctor ha estado en contacto
con Martin desde entonces, vigilándolo.
Mamá asiente con la cabeza, a continuación, examina a Lali Esposito ―la hija de un cirujano― de
pies a cabeza.
―La boda está a punto de comenzar. Ándale, Peter.
Antes de dar la vuelta y salir de la habitación, le doy a Lali un guiño totalmente arrogante y
secreto que estoy seguro va a traer una vez más esa actitud latina con toda su fuerza.
Ella me muestra su dedo del medio. No lo hace para entretenerme, pero me entretiene.
No puedo esperar a la recepción. Al igual que mis dos hermanos mayores, nunca le doy la
espalda a los desafíos, y Lali Esposito no se entregará fácilmente. Al final de la noche apuesto a
que podré convencerla de ser mi próxima novia, bueno, al menos hasta mi vuelo de regreso a
casa en Colorado.
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holiss esto se pone bueno...
XXXX&OOOO
CRYSTAL=D

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